Óscar Menéndez registra desde hace cinco décadas aspectos sociales y culturales de México. Pero también ha capturado diversos escenarios durante sus viajes por el mundo. Se distingue por llevar a cabo una labor a contracorriente, que se guía por una constante preocupación por asentar las voces, los hechos, los países, y generar un testimonial que sea parte de la historia. Si bien es más reconocido por su obra cinematográfica, que refiere a las luchas sociales, Menéndez es un furtivo de la lente y cuenta con un amplio archivo fotográfico en el que también se puede hallar su perspectiva documental.
Estudié pintura y escultura en la academia de San Carlos de la UNAM, donde maestros excelentes nos enseñaron el potente arte mexicano del muralismo y la grandeza del México prehispánico.
De ahí salí becado para estudiar cine en Praga, Checoslovaquia, un hermoso país todavía en su etapa socialista. En la disciplina del séptimo arte una de las materias más importantes era la de fotografía fija. Los profesores nos decían que una imagen debía contar una historia, y tenían toda la razón…
En los años cincuenta teníamos una referencia fantástica de cabecera: La familia del hombre, libro con imágenes de los grandes maestros, como Cartier Bresson, Capa, Weston, Álvarez Bravo y muchos más; era como la Biblia para los jóvenes fotógrafos…
Ya que ando en esto de los recuerdos, en 1959, en París, los estudiantes mexicanos de Praga estábamos de vacaciones y en una ocasión fuimos a la embajada de México a saludar a Octavio Paz, quien era el agregado cultural. Nos recibió muy bien, muy amable. Le enseñé las fotos que hacía en Praga… Las observó largamente y me dijo: “Óscar, ¿por qué no se queda aquí en París? Conozco a Cartier Bresson y es muy buen amigo, él lo conectará con el gremio”. Me sorprendió mucho esta propuesta; le dije que tenía que terminar mis estudios en Praga. Ahora, después de tanto tiempo, pienso que si hubiera aceptado la propuesta del maestro Octavio Paz, mi vida hubiera cambiado radicalmente… ¡Momentos que tiene la vida!
Regresé a México y tuve mucha suerte: entré a trabajar al INAH, en el Museo Nacional de Antropología, que estaba en construcción. Era 1962, y el trabajo consistía en recorrer el país, especialmente sus zonas indígenas. Iba como fotógrafo, al lado del antropólogo Guillermo Bonfil Batalla. Ahí cambié mi estructura ideológica y aprendí a respetar la cultura y ética indígena de México.
Corrí con mucha fortuna al tener la amistad de Nacho López, Héctor García, Walter Reuter, Enrique Bordes Mangel, quienes además de que eran mis amigos, me enseñaron mucho. Yo era el más joven del grupo y frecuentemente hacía mi trabajo de fotógrafo en sus laboratorios.
Durante temporadas he laborado como fotorreportero en revistas y periódicos, como El día, Uno más uno, La Jornada y otros más. Pero donde tuve más actividad como reportero gráfico fue en la revista ¿Por qué?, que destacó por dar la batalla en el movimiento estudiantil de 1968. Ahí fui jefe del departamento fotográfico hasta 1970, cuando el gobierno dinamitó las rotativas y clausuró la revista; su director, Mario Menéndez (mi primo), fue encarcelado en Lecumberri. Tiempo después la guerrilla de Lucio Cabañas lo rescató de la cárcel y se fue al exilio a Cuba durante diez años.
Por mi parte tuve que salir del país en 1970 a Europa; en Francia pude integrarme a la radio y televisión y realizar el filme Historia de un documento, gracias a que había logrado salvar mi archivo fotográfico y fílmico del 68 mexicano.
Después de dos años de estar en París me trasladé a Santiago de Chile porque un asesor del presidente Allende, Danilo Trelles, vio mis películas y fotos de México y me dijo: “Gente como tú necesitamos en Chile”. Así, en 1971 estuve colaborando con los sindicatos mineros en sus programas de información, en el desierto de Atacama. Mi exilo duró hasta 1973; un mes antes del golpe contra el presidente Allende regresé a México.
Realmente he tenido mucha suerte, no puedo quejarme. En México me integré al Instituto Nacional Indigenista (INI) y participé en la fundación del Archivo Audiovisual Etnográfico, del que fui director en una de sus primeras etapas. Lo que gané en ese tiempo fue algo extraordinario: la convivencia y amistad con Juan Rulfo, quien trabajaba en el INI como corrector de estilo. Tuve largas pláticas con Juan acerca de sus historias, también con Nacho López, muy amigo suyo. Por cierto, me fui con Nacho a su laboratorio como su ayudante, ya que el maestro Rulfo le encargó sus negativos 6×6 en blanco y negro para la primera exposición fotográfica del autor de Pedro Páramo, en el Palacio de Bellas Artes.

Mi trabajo profesional ligado a la UAEM inició en 1985; con el muy recordado rector y amigo Fausto Gutiérrez Aragón (d.e.p.), en el Centro Cultural Universitario, ahora Escuela de Teatro, Danza y Música, donde impartí un curso de historia de México basado en el material fílmico Los lustros de México, de la UNAM, y también coordiné el cine club.
Con motivo del 30 aniversario del 68 elaboré en la UAEM mi libro Memoria del 68, prologado por el maestro René Santoveña; la edición ya está agotada. Asimismo, se montó una gran exposición fotográfica en la Galería Víctor Manuel Contreras, de la Torre Universitaria, con el apoyo total del querido y recordado maestro Humberto Gallegos (d.e.p.).
Actualmente, expongo la serie de fotografía África hoy en el Museo de Arte Indígena Contemporáneo, de la UAEM, fruto de un año de trabajo al lado de los fotógrafos de la república de Mozambique; una experiencia inolvidable.
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